Maté (Luis Ángel)

Luis Ángel Maté es un ciclista. De esos de los que si hubiera existido el ciclismo en el siglo XVII hubiera llevado lanza y armadura. Quizá hasta hubiera luchado contra los molinos, por eso del viento en contra. Y Miguel de Cervantes viendo su valentía, le habría hecho escudero de Don Quijote. Ambos finos y con rostro aritmético. Con la piel curtida, oscura a trozos y brillante por el desgaste y el roce. Como el cuero de la silla de montar. Como la superficie de un sillín. Uno sentado sobre un caballo, el otro sobre una bici. Pero entonces, la historia hubiera sido distinta manteniendo el mismo objetivo: luchar contra gigantes.

Ayer Maté fue al Senado. Dejo la lanza y la armadura en Marbella y se fue pedaleando durante 600km hasta Madrid. Porque cuando eres ciclista pedaleas hasta cuando no tienes que pedalear. Ya lo hizo el año pasado cuando terminó su décima Vuelta a España y dijo que se volvía a casa en bici desde Santiago de Compostela. Casi 4.000km no fueron suficientes. Añadiré 1.000km más y veremos que me encuentro por el camino, pensó. Porque si en algún sitio está cómodo Maté es en la carretera. Pero ayer también lo estuvo en el Senado. Sonriente, cercano y amable como siempre indica la expresión de su cara. Y en el Senado habló cinco minutos y solo cinco, porque por la hora todos tenían hambre y él no quería entretener demasiado.

Y dijo que ‘algo estaba cambiando’. Despacio, pero que estaba cambiando. Y también les dijo a los políticos que no politicen la bici. Y que las ciudades tienen que transformarse en algo más humano. Una humanidad que permita a los niños ‘tener el derecho fundamental de crecer de otra manera’. Y lo mejor lo dejó para el final. ‘Tenemos una herramienta magnífica. Las bicicletas cambiarán el mundo’. Y lo dijo así. Sin más. Como un rapero que suelta la rima de su vida y deja caer el micrófono al suelo. Y todos aplaudieron. Algunos porque sabían que llevaba razón. Otros porque querían irse a comer. Pero aplaudieron.

No sé si Maté se ha vuelto pedaleando a Marbella. No me extrañaría. Escuderos no le van a faltar por el camino. Y si tiene que volver al Senado, lo hará. Y quizá la próxima vez se lleve la armadura y la lanza. Por si acaso los gigantes no han reaccionado después del aplauso. Gigantes que no están en nuestra imaginación. Por eso a veces hay que ponerse su mismo traje y sentarse con ellos. Aunque solo sean cinco minutos. El tiempo suficiente para decirles que ‘algo está cambiando’.

Foto: Antonio Ortiz @antonioortizbike

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